¿Se te cierra el estómago antes de una reunión? ¿Notas que en las épocas de más estrés tu digestión cambia: más hinchazón, más reflujo, más idas al baño o, al contrario, ninguna?

No es casualidad, ni es “cosa tuya”. Tu cerebro y tu intestino están conectados, y la ciencia lleva décadas estudiando cómo se influyen mutuamente. A esa conexión se le llama eje intestino-cerebro, y es uno de los mejores ejemplos de lo que estudia la Psiconeuroinmunología (PNI): cómo lo que piensas y sientes (psico) pasa por tu sistema nervioso (neuro) y tus hormonas, y llega a tu sistema inmune (inmuno) y a tu digestión.

Tu cerebro y tu intestino se hablan

El cerebro y el intestino se comunican en los dos sentidos a través de varias vías:

  • El nervio vago, que conecta directamente el tronco del encéfalo con el aparato digestivo.
  • El sistema inmune, ya que gran parte de tus defensas está en la pared intestinal.
  • El sistema nervioso entérico, la red de neuronas que tiene el propio intestino.
  • Las hormonas del estrés y las sustancias que produce tu microbiota.

En modo alerta, tu cuerpo prioriza sobrevivir antes que digerir

Tu sistema nervioso tiene dos grandes modos: luchar o huir, que prepara al cuerpo para responder a una amenaza, y descansar y digerir, que es el que pone en marcha el movimiento del intestino y las secreciones digestivas. Cuando tu cuerpo interpreta que hay una amenaza, sea un examen, un conflicto o una lista de tareas que no se acaba, digerir pasa a un segundo plano. Por eso los nervios “se van a la tripa”.

Qué puede hacer el estrés mantenido en tu digestión

Un estrés puntual es normal y el cuerpo sabe gestionarlo. El problema aparece cuando se mantiene en el tiempo. Según la evidencia disponible, el estrés puede:

  • Alterar el movimiento intestinal, acelerándolo o frenándolo.
  • Cambiar la secreción del estómago.
  • Aumentar la permeabilidad intestinal.
  • Hacer el intestino más sensible al dolor.
  • Influir en tu microbiota.

Por eso el estrés se relaciona con problemas como el reflujo, el colon irritable o las digestiones pesadas.

La cadena completa, vista desde la PNI

Un estudio con voluntarios sanos muestra muy bien cómo trabajan juntos todos los sistemas:

  1. Psico: una situación que vives como amenaza, en este caso hablar en público.
  2. Neuro-endocrino: se libera CRH, la hormona que pone en marcha la respuesta de estrés, y sube el cortisol.
  3. Inmuno: la CRH activa los mastocitos, unas células inmunitarias de la pared intestinal.
  4. Digestivo: los mastocitos hacen que la barrera del intestino se vuelva más permeable.

Cuando los investigadores bloquearon los mastocitos con un fármaco estabilizador, el aumento de permeabilidad desapareció. Es decir, la emoción llega al intestino a través del sistema inmune. Esa es, en esencia, la mirada de la PNI.

Y funciona al revés

Un estudio australiano siguió a 1.002 personas durante 12 años. Quienes tenían niveles altos de ansiedad al principio tenían más probabilidad de desarrollar después problemas digestivos. Y, a la inversa, quienes empezaban con problemas digestivos desarrollaban más ansiedad y depresión con el tiempo.

Es decir: la ansiedad y la digestión se retroalimentan. No siempre empieza en la cabeza. A veces empieza en la tripa.

Qué se puede hacer

Si el estrés forma parte del problema, hay que tenerlo en cuenta. Hasta las guías de gastroenterología lo reconocen ya: recomiendan las psicoterapias dirigidas al intestino, que realizan profesionales de la psicología, como parte del abordaje del colon irritable, y no como último recurso.

Mi trabajo no es tratar el estrés, sino entender cómo está afectando a tu cuerpo y trabajar sobre esa parte física. Por eso en consulta no solo miro qué comes, también cómo vives:

  • Cómo y cuándo comes: con prisa, de pie, delante de una pantalla…
  • Cómo duermes y cómo descansas.
  • En qué momentos empeoran tus síntomas y qué coincide con ellos.

Con eso trabajamos sobre lo que influye en tu digestión: la alimentación, los ritmos de comida y descanso, el movimiento, y la tensión abdominal y el diafragma. Y si veo que el estrés o la ansiedad necesitan un abordaje propio, te recomiendo acudir a un profesional de la psicología, para que cada parte la trate quien corresponde.

Si te has reconocido

Si notas que tu intestino es lo primero que te avisa en las épocas de estrés, puedo ayudarte a estudiar tu caso y trabajar sobre tu digestión desde una mirada integral.

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Referencias

  • Cryan JF et al. The Microbiota-Gut-Brain Axis. Physiological Reviews. 2019;99(4):1877-2013. doi:10.1152/physrev.00018.2018
  • Tindle J, Tadi P. Neuroanatomy, Parasympathetic Nervous System. StatPearls. NCBI Bookshelf. Enlace
  • Konturek PC, Brzozowski T, Konturek SJ. Stress and the gut: pathophysiology, clinical consequences, diagnostic approach and treatment options. J Physiol Pharmacol. 2011;62(6):591-599.
  • Valori RM, Kumar D, Wingate DL. Effects of different types of stress and of “prokinetic” drugs on the control of the fasting motor complex in humans. Gastroenterology. 1986;90(6):1890-1900.
  • Vanuytsel T et al. Psychological stress and corticotropin-releasing hormone increase intestinal permeability in humans by a mast cell-dependent mechanism. Gut. 2014;63(8):1293-1299. Enlace
  • Koloski NA et al. The brain-gut pathway in functional gastrointestinal disorders is bidirectional: a 12-year prospective population-based study. Gut. 2012;61(9):1284-1290. Enlace
  • Lacy BE et al. ACG Clinical Guideline: Management of Irritable Bowel Syndrome. Am J Gastroenterol. 2021;116(1):17-44.

Este artículo es informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario.